La obra de Danny Rolph nace de las imágenes de sus propios recuerdos, imágenes que representan lugares y momentos que han permanecido en su memoria a lo largo de los años. Mediante los colores y la composición, la abstracción le permite mostrar su propia percepción de lo vivido. En el proceso de traspasar dichas imágenes al soporte pictórico, el artista reflexiona sobre cómo la mente condiciona las experiencias, transformando los hechos en vivencias subjetivas y profundamente personales.

Estos lienzos están inspirados en los colores del oeste de Texas, las vistas desde la torre de Londres, donde el artista creció y los cielos que Tiepolo creó. Estos fondos se presentan como telones de fondo, poblados de formas nítidas, delicadas, limpias, irregulares y emotivas.