Esta obra forma parte de la exposición "Amarillo, negro y tres verdes" (2024) de Carlos Maciá. En esta, el artista presenta una propuesta donde líneas bidimensionales se convierten en volúmenes tridimensionales, empleando pletinas de aluminio que son dobladas y plegadas generando estructuras. Las acciones de plegado se convierten en dibujos irreparables y, por tanto, definitivos. Así pues, nos encontramos ante una suerte de coreografía que suma acciones fruto de la fuerza, peso, envergadura o estado de ánimo del artista.