Tela de lino antigua, que representa una de las obras más emotivas de esta serie.

En esta obra, Marta Font hace un homenaje a su madre. Estas telas antiguas de herencia familiar son el fondo donde plasma, con la técnica del bordado, el ciclo vital del bosque. Las hojas de los árboles convertidas en hojarasca caen en la tierra, alimentándola y creando el sustento para que la vida en el bosque vuelva a empezar.

Puntada a puntada, bordando con hilo de algodón, el dibujo de montones de pinocha surge en un acto performativo y repetitivo, no guiado por un diseño preconcebido, sino por un acto meditativo, que dependiendo del tono emocional del momento, se vuelve en unas formas más tupidas o más abiertas.