Llenando el vacío es un trabajo que se sitúa cerca de la estética y el pensamiento orientales alrededor del concepto de vacío. Este pensamiento estético es presente a todo tipo de arte. Los espacios en blanco de la pintura, las pausas dramáticas de los actores al teatro y los momentos en silencio de las películas. En la música el vacío es el silencio o el intervalo entre las notas. En la danza, el vacío es presente a los bailarines
parados en una postura. Una pausa antes de una emoción que se tiene que expresar.
La técnica de esta obra se podría definir como un puntillismo performativo. Se inyecta a cada vacío un chorro de tinta china, agujereando y traspasando la hoja de papel japonés. Se hace mecánicamente, a un ritmo pausado. De este modo se va desarrollando un paisaje, marcando entre cada punto un silencio, en el gesto de levantar la mano del papel. Así se crea una partitura musical de silencio y revuelo. Esta acción de pinchar, realizada de forma repetitiva, puerta también en un estado mental de trance, de quietud y de vacío.
Se pretende que el público no actúe como elemento pasivo en la hora de contemplar la obra, sino como un elemento activo con la mente, de tal forma que el vacío o el blanco son llenados por la riqueza del espectador. Un arte que quiere ser interpretado y no explícito.
Las piezas remiten a la natura y en las montañas, que son el lugar primigenio donde el silencio nos permite escucharnos a nosotros mismos y a esta natura. En sentido contrario en el mundo actual, donde todo tiene que ser llenado, utilizado y rentable, los movimientos del desplumé perforando el papel reinciden en el vacío. Las aperturas resultantes son las que crean las formas y las que dotan la obra de sentido.