Las imágenes de las obras de Idaira del Castillo nacen de su vida diaria. La artista toma fotografías de su cotidianidad, para más tarde trasladarlos al soporte pictórico.

En la obra "La taza, el mortero y el enchufe", la artista representa un conjunto de elementos que pueden encontrarse en cualquier casa, que forman parte de la vida cotidiana. Al representarlos en un gran formato, dichos objetos adoptan una dimensión simbólica, adquiriendo un carácter de naturaleza muerta.

Las creaciones de Idaira del Castillo son de técnica mixta, ya que ella misma crea sus pinturas con pigmentos naturales, pero también se sirve de rotuladores, lápices e incluso laca de uñas para finalizarlas. A menudo utiliza materiales reciclados para crear sus obras. Los retales, las sábanas y los trozos de tejido que ella misma cose y que, a menudo, le permiten crear obras de gran formato, forman collages que posteriormente pinta. En esta ocasión, la artista ha utilizado una antigua sábana bajera a la que recortó las esquinas, en la que más tarde dibujó la imagen mediante distintos materiales. En dicha pintura, la artista presenta una imagen mucho más lineal, a modo de dibujo sobre tela.