Esta obra presenta una composición vibrante y geométrica, dominada por un motivo de baldosas de colores en el suelo con reminiscencias de Mondrian. Una mesa de vidrio domina en el centro. Sobre la mesa hay dos macetas cuyas sombras producen un dualidad entre reflejo y transparencia. Las líneas rectas y los bordes definidos refuerzan una sensación de orden y estructura. La paleta de colores incluye tonos primarios y secundarios (rojo, azul, amarillo, verde), separados por líneas rojas que acentúan la composición y dan una sensación de ritmo y movimiento. Transmite una atmósfera de calma y luminosidad, con un toque lúdico.