El paisaje, abordado desde múltiples perspectivas, constituye el eje central de su obra, no solo como escenario de lo narrativo sino también como un espacio de investigación pictórica. En este contexto, la narratividad se manifiesta como un relato latente que subyace en la pintura, abriendo la posibilidad de historias indefinidas dentro del espacio pictórico.
Entre la abstracción y la figuración, sus composiciones presentan paisajes de aparente serenidad, habitados por personajes y animales que transmiten una delicada ternura. Sin embargo, tras esta calma superficial emerge una sutil inestabilidad: una sensación de peligro latente y una inquietud difícil de precisar. Los distintos planos se articulan mediante superficies de colores intensos que, aunque parecen fundirse entre sí, conservan una frágil independencia, reflejando la tensión entre lo figurativo y lo abstracto.
La artista trabaja principalmente al óleo, construyendo narraciones enigmáticas, cuentos sin principio ni final definidos que evocan tanto el realismo mágico como paisajes de carácter onírico. A pesar de la fragilidad y la atmósfera irreal de sus escenas, sus obras incorporan humor, una fuerte carga emocional y un sutil optimismo, junto con referencias al poder simbólico de la naturaleza y a un amplio espectro de influencias artísticas y literarias.