La instalación funciona como un móvil a gran escala compuesto de planchas de metacrilato de distintos colores, que suspendidas en el aire, giran sobre sí mismas, generando un juego de reflejos, sombras y proyecciones que rebotan por todo el espacio, incluido el espectador. Así, se establece un diálogo directo de los cuerpos con la arquitectura que los rodea y la pieza se expande más allá del vacío de la escalera. Cuando el espectador entra dentro de este espacio, se sumerge dentro de una experiencia de percepción visual y estética. Su efecto evocador le convierte en un "portal" de percepción, ya que su experiencia visual no discurre de un modo ordinario y queda interpelado por la obra. El portal cósmico se compone de troqueles de siluetas simbólicas que remiten a un lenguaje arquetípico recurrente en el imaginario del artista. Las diferentes figuras se inspiran en las ilustraciones de los mapas del cielo donde lo mitológico y lo primigenio se mezclan. En esta ocasión las diferentes piezas: luna, estrella, columna, escalera, serpiente… van creando constelaciones entre sí, como en un cosmos flotante de cuerpos transparentes, donde un suave destello acompaña al espectador en un camino ascendente hacia la fuente de luz, gracias a la claraboya del techo, que funcionaría como un gran techo solar.