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Tercet

Danny Rolph Església del Convent Sant Domingo de Pollença
Julio 2024

“Tercet” es el resultado de una conversación entre el entorno, y la obra del artista. Es una experiencia inmersiva, en la que Rolph se apropia del tiempo, el espacio, la luz, la forma, la palabra y el color. Prescindiendo del mensaje de narración lineal, el espectador es invitado a una vivencia sensorial contemplativa.
Para el artista, la forma y el concepto son ambos gemelos y no pueden explicarse el uno sin el otro, considera su obra como una experiencia visiva, y dedica su esfuerzo a crear para aquellas personas que se prestan y creen en la revelación del descubrimiento visual. Y a pesar de que las dudas y el conflicto nos invaden Danny Rolph nos invita a abrazar la duda y el descubrimiento, se los apropia en su proceso artístico, como único camino para alcanzar nuevas dinámicas compositivas.

Especial mención debemos hacer el grupo de música Janksy, que para esta instalación han creado una composición a medida, que la enmarca y enriquece la experiencia estética final.
Jansky es un dúo electroverso que trabaja con música electrónica en directo, flauta, poesía y grabaciones de paisajes sonoros naturales. Tienen su sede en Rampa Lab, donde investigan y crean con el sonido, la palabra y los lenguajes no humanos.
Tocan regularmente en festivales y salas underground de todo el mundo, y sus álbumes han recibido un Sound Of The Year Award 2020 (BBC3) y el SUNS Europe 2018 entre otros reconocimientos.

Solo una conversación.

Esta experiencia de comisariado con Danny Rolph se puede describir como una larga conversación. Una conversación donde las ideas se van desarrollando a medida que intercambiamos opiniones. La cantidad de ideas y conceptos que nos vienen a la cabeza durante la charla es directamente proporcional a la capacidad que tenemos de relacionarlos los unos con los otros. Todas las ideas que habitan nuestra memoria deben ser puestas en duda, solo mediante el intercambio de opiniones se dan los descubrimientos; y es que todo en el mundo de la estética es susceptible de ser relacionado, y es de esta capacidad de relación de donde surge el progreso de las ideas.

La frase de Danny Rolph, “para mi Bernini es igual de interesante que una canción de Hip Hop De la Soul” define sin más, lo que significa la experiencia estética o de lo sublime, que traspasa cualquier disciplina artística y sobrevive al tiempo, cualquiera que sea la época en la que se creó. Tiene sentido entonces que el pintor sea capaz de crear composiciones mezclando las referencias más dispares, como el arte Barroco, Kandinsky, Polke y O’Keefe, para crear unas obras abstractas, con los colores vibrantes como los de Veronese, y composiciones dramáticas como las de Tiepolo que transparentan la estructura del policarbonato que se emplea para la construcción. Mientras, escucha música electrónica, y a ratos, a Moszkowski. En el mundo donde habita Rolph, todo es susceptible de ser incluido en una poesía, todo lo cotidiano puede ser extraordinario. Su obra es la prueba viva de que la belleza es inmemorial y como él bien dice, la capacidad para comunicar del arte es incontenible, imparable e implacable.

Partiendo de esta premisa, Danny Rolph nos presenta “Tercet” a propósito de la invitación a crear una obra en el Museo de Pollença. En una sala tan especial como esta, una iglesia conventual barroca llena de referencias estéticas (tanto de la arquitectura como del contenido de imaginería religiosa), establece a priori, como si de un reto se tratase, una conversación entre su obra y el contexto arquitectónico particular.

El poema “This Is Just To Say” (“Esto es solo para decir”) de Williams Carlos Williams le sirve de excusa, para explicarnos como, desde la pura plástica, se puede encontrar una relación directa entre el barroco, el modernismo y la contemporaneidad.
Es el lenguaje preciso y descriptivo que el poema imaginista utiliza para describir una escena cotidiana, lo que captura la atención de Rolph y le inspira una propuesta artística en tres cuerpos – una pintura, una instalación y la propia iglesia – por la que nos invita a transitar.

Este particular terceto, empieza con un primer verso, una obra bidimensional y homónima al poema de Williams “This is Just To Say”, un díptico de gran formato sobre policarbonato de varias capas que otorga a la pintura profundidad y dinamismo. En esta primera obra Rolph se libera de cualquier encorsetamiento, y superpone imágenes que no conseguimos relacionar con nada real, más que quizás con objetos que se ha ido encontrando en la cotidianidad del estudio. Trozos de papel brillante, o detalles de formas geométricas definidas que se entrelazan con formas más difusas que componen el fondo. Superpone referencias sacadas de sus experiencias individuales que, a modo de inputs de memoria, permanecen encriptadas entre las capas de policarbonato. Este díptico se nos presenta como un pre-texto, se trata quizás de la excusa perfecta para por fin salirse de los límites de la pintura y experimentar la expansión de la misma hacia la tridimensionalidad.

A medida que nos trasladamos hacia el interior de la iglesia, sorteando la pared que nos bloquea la vista, descubrimos la obra “Contact”, una construcción cuadrangular construida con placas de policarbonato transparente pintado, situada en el centro del espacio. Esta ha sido perfectamente proyectada para que toda nuestra atención se centre en ella. De su interior emana una luz de color cambiante. El contraste entre el material, la luz y los motivos pictóricos que la recubren con el espacio que la acoge es impactante. Parece que su obra pictórica se haya desplegado sobre si misma, y se haya expandido, transformándose en una evocadora y emotiva instalación tridimensional.

Durante el montaje de esta pieza central, tuve la oportunidad de ver que las planchas de policarbonato habían sido pintadas estratégicamente por ambos lados. En el interior, el artista se explaya con una pintura en forma de nubes, no uniforme, bastante empastada. Sin forma alguna, estos fondos de colores blanquecinos hacen sin duda, referencia a los cielos de las pinturas del barroco, y nos dan una pista para ligar la experiencia visual con el entorno. Por el contrario, en el exterior de las planchas podemos contemplar un tipo de pintura totalmente diferente, con formas muy bien delineadas que, flotando sobre los fondos de cielos inventados, se repiten y nos invitan a leer una composición, no lineal, fragmentada. Nos encontramos aquí con la voluntad de romper con un discurso coherente que refleja la complejidad y la incertidumbre de la narrativa contemporánea. En este punto es cuando la conversación se convierte en disonancia, necesaria para desafiar y redefinir constantemente los límites de su creatividad y de nuestra percepción.

Desde la primera visita Rolph notó que curiosamente, en la iglesia del Convent de Sant Domingo no hay vidrieras. Las iglesias conventuales, por ser templos de recogimiento, no tienen vanos que dejen pasar la lu; sin embargo, el recuerdo de la arquitectura barroca que el artista tiene grabada en la memoria tiene siempre vidrieras coloreadas que iluminan el interior. Este detalle a él le es disonante, y le empuja a suplir la falta de luz por alguna fuente alternativa, a buscar un punto de iluminación espiritual, imprescindible en cualquier templo que el artista haya visitado con anterioridad. En su mente las referencias se multiplican y, contemplando la obra ahora, podemos distinguirlas: las catedrales barrocas como la de Toledo o la iglesia de San Marcos en Florencia, las construcciones lumínicas de Dan Flavin y la espiritualidad de las obras de James Turrel, se superponen a referencias de la estética musical de los ’90, e incluso cinematográficas (no puedo evitar la conexión al tótem de 2001 Odisea en el espacio de Kubrick). Está claro que la luz, como elemento iluminador del alma, y del intelecto, está presente y es utilizada por el artista londinense para relacionar su obra con el espacio que habita la misma. El artista juega con la percepción de la experiencia visual, en la que la simplicidad del mensaje, combinada con la complejidad visual de la obra, refleja una dualidad que invita a la contemplación.
La luz que se refleja en el entorno hace de “Contat” un nexo entre el convento y la pintura de Danny Rolph. Es una instalación que transita el tiempo y el espacio: relacionándose con el entorno, pone a prueba la capacidad de la memoria para recordar experiencias individuales, desafiando así nuestra capacidad para vincular la información entre eventos y crear nuevos conocimientos.

“Tercet” es pues el resultado de una conversación entre el entorno, y la obra del artista. Es una experiencia inmersiva, en la que Rolph se apropia del tiempo, el espacio, la luz, la forma, la palabra y el color. Prescindiendo del mensaje de narración lineal, el espectador es invitado a una vivencia sensorial contemplativa.
Para el artista, la forma y el concepto son ambos gemelos y no pueden explicarse el uno sin el otro, considera su obra como una experiencia visiva, y dedica su esfuerzo a crear para aquellas personas que se prestan y creen en la revelación del descubrimiento visual. Y a pesar de que las dudas y el conflicto nos invaden Danny Rolph nos invita a abrazar la duda y el descubrimiento, se los apropia en su proceso artístico, como único camino para alcanzar nuevas dinámicas compositivas.

Mercedes Estarellas, junio 2024

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